miércoles, 1 de abril de 2026

LA LIBERTAD QUE NADIE TE PUEDE QUITAR

La libertad que nadie te puede quitar Positivos Siempre


Introducción

Se habla mucho de libertad.

Libertad para elegir, para cambiar, para empezar de nuevo.

Pero hay una verdad incómoda que muchas veces evitamos:

Podés tener todas las opciones… y aun así no ser libre.

Porque la libertad más difícil no es la de afuera.

Es la de adentro.

Y no siempre la usamos.


La decisión que más me costó

Durante dos años, supe que tenía que tomar una decisión.

Pero no la tomé.

No porque no lo viera.

No porque no lo entendiera.

Sino porque estaba pensando en todos… menos en mí.

En cómo iba a afectar.
En lo que los demás podían sentir.
En lo que se esperaba de mí.

Hasta que un día entendí algo que me incomodó:

Postergar esa decisión también era una decisión.

Y el costo era alto.

Me estaba dejando a mí en segundo lugar.


La trampa de “hacer lo correcto”

Muchas veces creemos que estamos siendo responsables.

Que estamos haciendo lo correcto.

Pero hay una línea muy fina entre eso… y dejar de ser fiel a uno mismo.

Yo no estaba eligiendo.

Estaba evitando.

Evitando incomodar.
Evitando romper algo.
Evitando enfrentar lo que ya era evidente.

Y ahí es donde entendí algo clave:

No decidir también te quita libertad.


Libertad: lo que nadie ve

La mayoría piensa que la libertad tiene que ver con lo externo.

Más tiempo.
Más dinero.
Más oportunidades.

Pero la libertad más importante es invisible.

Es esta:

Elegir lo que sabés que es correcto para vos… incluso cuando es difícil.

Viktor Frankl lo expresó de una forma que atraviesa cualquier contexto:

“Al hombre se le puede arrebatar todo salvo una cosa: elegir su actitud ante cualquier circunstancia.”

Yo agregaría algo más:

También podés elegir dejar de postergar lo que sabés.


Pesaj: más que una fecha

Hoy muchas personas van a celebrar Pesaj

Más allá del significado religioso, hay algo que me parece universal:

Es una historia de transformación.

Dejar atrás una etapa.
Atravesar un proceso difícil.
Y volver a empezar.

Hay una frase muy fuerte que se dice en este contexto:

“Esclavos fuimos del faraón de Egipto.”

No es solo historia.

Es un espejo.

Porque hoy no estamos en Egipto.

Pero sí existen otros “faraones”.


Los faraones de hoy

No tienen corona.

No gobiernan un imperio.

Pero igual condicionan nuestras decisiones.

A veces son:

  • El miedo a lastimar a otros
  • La necesidad de aprobación
  • El “qué van a pensar”
  • La costumbre de quedarnos donde ya no somos nosotros

Durante mucho tiempo, mis decisiones no eran del todo mías.

Estaban influenciadas por esos “faraones invisibles”.

Y sin darme cuenta, eso también era una forma de esclavitud.


La verdadera salida

La historia de Pesaj no es solo salir de Egipto.

Es animarse a atravesar el desierto.

Y eso es lo más difícil.

Porque salir de una situación que ya no es para vos… no siempre es lo más duro.

Lo más duro es sostener la decisión después.

Bancar la incomodidad.
El silencio.
Las dudas.

Pero ahí es donde aparece algo nuevo:

La libertad real.


Mi punto de quiebre

Cuando finalmente tomé la decisión de separarme, no fue un momento épico.

No hubo certeza total.

No desapareció el miedo.

Pero sí pasó algo importante:

Por primera vez en mucho tiempo, fui coherente conmigo.

Y eso, aunque duela, libera.


El método C.D.A aplicado a la libertad

Ese proceso me llevó a algo que hoy aplico en todo: el método C.D.A.

1. Conciencia

Aceptar lo que ya sabés.

Sin disfrazarlo.
Sin justificarlo.

  • ¿Qué estás sintiendo realmente?
  • ¿Qué estás evitando?

La claridad duele… pero libera.


2. Decisión

Elegir, aunque no sea perfecto.

Elegir, aunque incomode.
Elegir, aunque otros no lo entiendan.

Porque si no elegís vos, alguien más —o el miedo— lo hace por vos.


3. Acción

Dar el paso.

No cuando todo esté claro.
No cuando desaparezca el miedo.

Ahora.

Porque la libertad no es una idea.

Es algo que se construye con acciones.


Libertad no es no sentir miedo

Ese fue uno de mis mayores aprendizajes.

Esperar a estar “seguro” es una trampa.

El miedo no desaparece.

Pero cambia de forma.

Y muchas veces, el miedo a quedarse… es más grande que el de avanzar.


Una reflexión que puede cambiarte

Si hay algo que estás postergando hace tiempo…

No lo ignores.

Preguntate:

¿Estoy eligiendo esto… o lo estoy sosteniendo por miedo o por otros?

Porque cada vez que te postergás, perdés un poco de libertad.

Y cada vez que sos coherente, la recuperás.


Cierre

La libertad no siempre se siente bien al principio.

A veces duele.
A veces rompe.
A veces incomoda.

Pero también reconstruye.

Y te acerca a algo que no tiene reemplazo:

Estar en paz con vos mismo.


Frase final

“Ser libre no siempre es irte. A veces es dejar de quedarte donde ya no sos vos.”

lunes, 30 de marzo de 2026

NO SIEMPRE PODES ELEGIR LO QUE PASA. PERO SIEMPRE PODES ELEGIR QUIEN SOS

No siempre podes elegir lo que pasa. Articulo Positivos Siempre

 



Varias veces en mi vida me sucedieron cosas, que en el momento, sentí mucho mas grandes de lo que eran.

No fueron cosas realmente graves, aunque en su momento si las vi de esa forma.


Porque me agarraron en un mal momento y reaccioné peor de lo que debería.


Respondí mal.

Me enojé.

Y lo estiré más de lo necesario.


De esas situaciones que, si las ves desde afuera, no tienen tanto peso…

pero en el momento te dominan.


Y lo peor fue después.


Porque cuando bajé un poco, me di cuenta de algo incómodo:


No era la primera vez que me pasaba.


Distinta situación.

Misma reacción.


Ahí ya no es el contexto.


Sos vos.


Una vez que lleve ropa a un lavadero y me perdieron un par de medias. De forma ridícula tuve una discusión fuerte con el encargado. y me fui del lugar enojado, convencido de que tenía razón, pero al rato, cuando bajé un poco, me di cuenta de que había hecho un problema grande de algo que no lo era para tanto.

Por un par de medias.


Durante mucho tiempo pensé que el problema era lo que pasaba.


Que si ciertas cosas fueran distintas, yo reaccionaría mejor.


Pero la realidad era otra.


Yo ya venía reaccionando igual.


Y eso fue lo que me hizo frenar.


No en el momento exacto…

pero sí lo suficientemente cerca como para verlo.


Porque hay algo que no es tan evidente, pero está siempre:


Un segundo.


Entre lo que pasa y lo que hacés.


Es corto.

A veces casi inexistente.


Pero está.


Y si está, hay algo más:


Elección.


Esa idea la desarrolla Stephen Covey cuando habla de que entre estímulo y respuesta existe un espacio.


Yo no lo tenía tan claro en ese momento.


Pero empecé a notarlo en lo cotidiano.

Me pregunté. ¿Vale la pena reaccionar así por todo?


En cosas chicas.


En cómo respondía.

En cómo me hablaba.

En cómo sostenía emociones que no me servían.


Y ahí fue donde necesité algo práctico.

Porque ya no era el mismo. Me daba cuenta.


No solo teoría de como hacerlo.


Algo que pudiera usar justo en ese segundo donde estaba por hacer lo mismo de siempre.


Así terminé bajando algo que mucho tiempo después llamé C.D.A.


Pero no nació como método.


Nació porque lo necesitaba.


En ese caso puntual, lo apliqué así:


Primero, consciencia.


Darme cuenta de que estaba por reaccionar igual.


No después.


En el momento en que sentía la bronca subir.


En el momento en que ya tenía la respuesta lista para decir.


Ese fue el primer corte.


Después, decisión.


Y esto fue lo más incómodo.


Porque ya no podía decir “me salió así”.


Sabía lo que iba a hacer.


Y aun así tenía que elegir.


Seguir igual…

o frenar.


No hacer algo perfecto.


Solo no hacer lo de siempre.


Y por último, acción.


Que en ese caso fue simple.


No responder en el momento.


Tomarme unos segundos.


Bajar un cambio.


Puede parecer mínimo.


Pero no lo es.


Porque fue distinto.


Y cuando hacés algo distinto, aunque sea chico, cambia el resultado.


No de la situación en sí.


Pero sí de cómo terminás vos.


Después de eso, empecé a verlo más seguido.


No perfecto.


No siempre.


Pero cada vez más.


Y ahí entendí algo que antes pasaba por alto:


No siempre podés elegir lo que pasa.


Pero sí podés dejar de reaccionar como siempre.


Y eso, con el tiempo, cambia más de lo que parece.


Porque no transforma solo momentos.


Te transforma a vos.


Y al final, es eso lo que más pesa.


Porque las situaciones van a seguir estando.


Pero vos no tenés por qué ser siempre el mismo frente a ellas.

Y usé un ejemplo sin importancia a propósito.

Porque cuando dejas de gastar energía en esas cosas, te das cuenta de cuanto estabas perdiendo en lo que realmente importa.



Como decía Epictetus:


“No son las cosas las que nos perturban, sino la opinión que tenemos sobre ellas.”