![]() |
| El poder de las palabras Positivos Siempre |
“Lo que no te mata te fortalece.”
¿Cuántas veces escuchaste esa frase?
Ahora te hago otra pregunta…
¿Y si no fuera tan así?
Porque también existe otra versión, menos cómoda, pero más real:
“Lo que no te mata… te puede dejar bastante jodido.”
Y esto no lo digo desde la teoría.
Lo digo porque lo viví.
Hubo momentos donde no salí más fuerte… salí confundido, cansado, con dudas. Y recién cuando dejé de exigirme “tener que estar bien”, empecé a estarlo de verdad.
Ahí entendí algo clave:
No todo lo que repetimos… nos hace bien.
Las palabras no son inocentes
Vivimos rodeados de frases hechas. Ideas que heredamos sin cuestionar. Palabras que parecen inofensivas… pero que terminan moldeando cómo pensamos, cómo sentimos y cómo actuamos.
Y hay algo que siempre digo en este tema:
“Por algo fuimos hechos con 1 boca y 2 oídos.”
Para escuchar el doble de lo que hablamos.
Pero en la práctica pasa lo contrario.
Hablamos sin filtro.
Repetimos sin pensar.
Y muchas veces… nos creemos todo.
La ciencia lo confirma (aunque ya lo sentís)
El psicólogo Albert Ellis, creador de la terapia racional emotiva conductual, decía que no son los hechos los que nos afectan, sino la interpretación que hacemos de ellos.
Es decir:
No es lo que pasa.
Es lo que te decís sobre lo que pasa.
Por otro lado, la investigadora Brené Brown, que estudió durante años la vulnerabilidad, muestra cómo el lenguaje que usamos con nosotros mismos influye directamente en la vergüenza, la autoestima y la capacidad de salir adelante.
No es casual.
Lo que te repetís… se convierte en tu realidad interna.
El problema no es la frase… es cómo la incorporás
Volvamos al ejemplo:
“Lo que no te mata te fortalece.”
¿Puede ser cierto? Sí.
¿Siempre? No.
Y acá viene lo importante:
¿Qué pasa cuando esa frase no coincide con cómo te sentís?
Porque si te obligás a pensar que todo te tiene que fortalecer…
¿Dónde queda lo que te dolió?
¿Dónde procesás lo que te rompió un poco?
Negarlo no te hace fuerte.
Te desconecta.
Las palabras también pueden invalidarte
Hay frases que parecen motivadoras… pero en realidad silencian.
“Tenés que ser fuerte.”
“No es para tanto.”
“Ya va a pasar.”
¿Cuantas veces lo escuchaste?
Y ojo, muchas veces vienen con buena intención.
Pero generan algo peligroso:
Te hacen sentir que lo que te pasa… está mal.
Y eso lo viví también.
Momentos donde lo que más necesitaba era entender lo que me pasaba… y en cambio me exigía superarlo rápido.
¿Resultado?
Más presión.
Menos claridad.
El diálogo interno: la voz que más pesa
Podés apagar el ruido de afuera.
Pero hay una voz que no se va:
La tuya.
¿Qué te decís cuando fallás?
¿Te hablás como te hablaría alguien que te quiere… o como tu peor crítico?
Porque no es lo mismo decir:
“Soy un desastre”
que decir
“Esto no salió como esperaba”
No es solo semántica.
Es dirección.
C.D.A.: ordenar lo que decís para cambiar lo que vivís
Esto no se cambia con frases lindas.
Se cambia con práctica.
Y ahí entra el método C.D.A.
1.
C – Consciencia
Detectar.
¿Qué estás diciendo?
¿Qué estás escuchando?
¿Qué te estás creyendo?
2.
D – Decisión
Elegir.
¿Esto me suma o me limita?
¿Lo quiero seguir repitiendo?
No se trata de ser “positivo”.
Se trata de ser honesto… y útil con vos mismo.
3.
A – Acción
Entrenar.
Cambiar activamente tus palabras.
No una vez.
Muchas.
Hasta que deje de ser esfuerzo… y pase a ser identidad.
¿Cómo protegerte de las palabras de otros?
Porque sí, lo que decís importa.
Pero lo que escuchás… también.
Y mucho.
Filtrar, no absorber
No todo lo que alguien dice es verdad.
A veces es su miedo.
Su historia.
Su forma de ver el mundo.
¿Vas a cargar con eso… o lo vas a dejar pasar?
Cuestionar lo automático
Frená un segundo.
¿Esto es un hecho… o una opinión?
¿Me sirve creerlo?
Ese espacio es poder.
Elegir cuánto escuchás
Y volvemos a la frase:
Tenemos 1 boca y 2 oídos.
No solo para escuchar más.
Sino para elegir mejor qué dejamos entrar.
No se trata de ser positivo. Se trata de ser consciente.
No tenés que decirte que todo está bien cuando no lo está.
Pero sí podés dejar de decirte cosas que te hunden más.
Porque las palabras no son neutras.
Construyen.
O destruyen.
Y muchas veces… lo hacen en silencio.
Preguntas para vos
- ¿Qué frases repetís sin darte cuenta?
- ¿De quién aprendiste a hablarte así?
- ¿Te estás acompañando… o exigiendo?
- ¿Qué cambiaría si empezaras a elegir mejor tus palabras?
Cierre
No podés controlar todo lo que escuchás.
Pero sí podés decidir qué hacés con eso.
Y sobre todo…
qué te decís cuando nadie más está hablando.
“Cuidá tus palabras… porque después tenés que vivir dentro de ellas.”

No hay comentarios:
Publicar un comentario