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| Avanzamos en todo menos en lo esencial.Portada articulo Positivossiempre |
Vivimos en pleno siglo XXI.
Con avances tecnológicos que, hace no tanto, parecían ciencia ficción.
Velocidad.
Todo cambia… todo avanza.
Pero hay algo que no parece haber cambiado tanto.
La esencia del ser humano.
Hace más de 500 años, Nicolás Maquiavelo describía comportamientos, decisiones y formas de actuar en El Príncipe que, en muchos aspectos, siguen vigentes hoy.
No en todos.
No en cada persona.
Pero sí, en líneas generales.
Y no es casual que, a lo largo de la historia, ese libro haya sido estudiado y utilizado por distintos líderes para entender cómo influir y manejar a las masas.
Seguimos viendo cómo temas importantes
se discuten como si fueran un partido de fútbol.
De un lado o del otro.
Sin espacio para pensar.
Cada vez más intolerancia.
Más violencia.
Más reacciones sin reflexión.
No hace falta ir muy lejos.
Alcanza con leer las noticias.
Con prender la televisión.
Narcotráfico.
Asesinatos y hechos de violencia.
Conflictos.
Decisiones tomadas desde el impulso.
Donde muchas veces el “yo” está primero…
y el resto deja de existir.
Y no se trata de buscar culpables.
Ni de entrar en discusiones políticas.
Se trata de algo más cercano.
De cómo estamos viviendo.
De cómo reaccionamos.
De cómo convivimos.
En otro momento hablé de lo que pasa cuando actuamos sin pensar.
Pero hoy la pregunta va por otro lado.
En medio de tanto avance…
¿estamos creciendo como personas
o solo como sociedad tecnológica?
¿De qué sirve avanzar tanto
si en lo esencial seguimos igual…
o peor?
Y, sobre todo:
¿Qué estamos haciendo cada uno
desde su lugar?
Porque es fácil pensar que todo está perdido.
Que no hay solución.
Que es una utopía.
Pero mientras estemos acá…
eso no es del todo cierto.
Quizás no se trate de cambiar el mundo entero.
Pero sí de algo más concreto.
De cómo hablamos.
De cómo pensamos.
De cómo tratamos al que tenemos al lado.
De defender nuestras ideas, con argumentos, sin atacar a las personas.
De empezar por uno.
No desde la imposición.
Ni desde tener la razón.
Sino desde la conciencia.
Porque, al final,
el mundo que viene
no lo van a definir solo los avances tecnológicos…
lo vamos a definir nosotros
con lo que hacemos todos los días.
Y si hay algo que todavía tenemos…
es la posibilidad de elegir
cómo queremos dejarlo.

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