![]() |
| El ego es también egoísta aunque no lo parezca. Positivos siempre |
“Hay algo que nadie quiere admitir:
el problema no es solo el ego…
es que incluso cuando creemos no tenerlo, seguimos siendo egoístas.”
Hablamos del ego como si fuera algo que tienen “los otros”.
El que se cree más.
El que necesita mostrarse.
El que compite, el que impone, el que no escucha.
Pero hay otra forma de ego… más silenciosa.
Más aceptada.
Más peligrosa.
La del que se esconde.
La del que no se expresa.
La del que evita conflictos para no incomodar.
La del que se pone en último lugar… pero espera que los demás lo noten.
¿Y si eso también fuera ego?
Porque el ego no siempre grita.
A veces se disfraza de humildad.
De perfil bajo.
De “yo soy así”.
Pero en el fondo… sigue siendo una forma de centrarse en uno mismo.
El psicólogo Carl Jung hablaba de la “sombra”:
todo aquello que no reconocemos en nosotros… pero que igual nos gobierna.
Cuanto más negamos algo, más poder tiene.
Y ahí es donde el ego se vuelve invisible.
Porque creemos que no lo tenemos…
pero simplemente lo estamos evitando mirar.
Por otro lado, el investigador Daniel Goleman explica que la falta de conciencia emocional genera conductas egocéntricas, incluso cuando la intención no es serlo.
Es decir:
no hace falta sentirse superior para actuar desde el ego.
Alcanza con no cuestionarse.
Entonces aparece algo incómodo:
Los que tienen mucho ego…
y los que dicen no tenerlo…
pueden tener más en común de lo que creen.
Ambos, en el fondo, están centrados en sí mismos.
Uno desde la superioridad.
El otro desde la evasión.
Pero los dos se desconectan de algo clave:
el impacto que generan en los demás.
Y acá me incluyo, a diario.
Porque es fácil leer esto y pensar en otros.
Pero si soy honesto… también me pasa.
También caigo en la individualidad.
En decir o hacer cosas sin pensar demasiado en el otro.
Y no hablo de grandes decisiones.
Hablo de lo cotidiano.
De lo simple.
De lo que antes era natural… y hoy parece opcional.
Ceder un asiento.
Decir “buenos días” cuando entras a un lugar.
Pedir permiso.
Agradecer.
Detalles mínimos… que dicen mucho.
Vamos tan metidos en lo nuestro,
en nuestros tiempos, en nuestros problemas, en nuestra cabeza…
que dejamos de ver al de al lado.
Y no porque seamos malas personas.
Sino porque estamos distraídos en nosotros mismos.
¿Te sentís identificado?
Reflexión social
Vivimos en una sociedad donde todos defendemos lo individual:
mi tiempo, mis problemas, mi proceso, mi historia.
Y está bien.
Pero hay un límite.
Porque no vivimos solos.
Cada decisión que tomamos…
también afecta a otros.
Cada silencio.
Cada acción.
Cada omisión.
Pensar solo en uno mismo, incluso sin mala intención,
también es una forma de egoísmo.
Y si todos hacemos lo mismo…
terminamos construyendo una sociedad cada vez más desconectada.
Preguntas incómodas
- ¿De verdad no tenés ego… o simplemente no lo ves?
- ¿Cuándo fue la última vez que pensaste en el otro sin que te lo pidan?
- ¿Qué pequeñas actitudes dejaste de tener?
- ¿Te estás justificando en tu forma de ser para no cambiar?
- ¿Qué impacto estás generando en los demás sin darte cuenta?
El ego no desaparece cuando lo negás.
Desaparece cuando lo reconocés.
No se trata de dejar de ser uno mismo.
Se trata de recordar que hay otros.
Después que te diste cuenta... Que haces después?
Porque entender esto, es incómodo.
Pero no alcanza.
Darte cuenta de tu ego...
no cambia nada por si solo.
Lo que cambia es lo que haces después
No en teoría.
En lo cotidiano.
No en grandes decisiones.
En los detalles.
Entonces la pregunta es otra:
¿Qué acciones estás dispuesto a hacer para cambiar?
- ¿Vas a seguir reaccionando igual… o vas a empezar a frenar un segundo antes?
- ¿Vas a seguir en automático… o vas a empezar a elegir distinto?
- ¿Vas a esperar que el resto cambie… o empezás vos?
Porque el cambio no está en entender.
Está en interrumpir.
Interrumpir una respuesta automática.
Interrumpir una actitud egoísta.
Interrumpir ese momento donde solo pensás en vos.
Y elegir diferente.
Aunque sea incómodo.
Aunque no te salga natural al principio.
No hace falta que cambies todo.
Probá con esto hoy:
- Mirar a alguien a los ojos cuando te habla
- Saludar aunque no te respondan
- Ceder el asiento aunque nadie te obligue
- Escuchar sin pensar en qué vas a decir después
Son cosas simples.
Pero ahí empieza todo.
El ego no desaparece cuando lo negás.
Desaparece cuando lo reconocés… y actuás distinto.
“Darte cuenta es incómodo…
pero no hacer nada con eso, es elegir seguir igual.”

No hay comentarios:
Publicar un comentario