ENTRE DOS FECHAS
Hay algo que siempre me llamó la atención de los cementerios. En cada lápida aparecen dos fechas. La del nacimiento y la de la muerte. Dos números separados por un pequeño guion. Un simple trazo que parece insignificante, pero que en realidad contiene una vida entera. Todo lo que fuimos. Todo lo que amamos. Todo lo que construimos. Todo lo que dejamos pendiente. Esta semana fallecieron dos personas de mi familia. Las dos tenían más de noventa años. Vivieron una vida larga. Vieron cambiar el mundo, formaron familias, atravesaron alegrías y dolores. No fue una despedida inesperada ni una historia interrumpida. Fue el cierre natural de un recorrido que había llegado a su destino. Y, sin embargo, sus partidas despertaron en mí una pregunta que va mucho más allá de ellas. ¿Qué estoy haciendo con el tiempo que existe entre mis dos fechas? Vivimos como si ese guion fuera infinito. Como si siempre hubiera otro lunes para llamar a alguien, otro mes para empezar ese proyecto, otr...