LO QUE RECIBIMOS. LO QUE DEJAMOS
Hace unos días escribí sobre la relación entre abuelos y nietos. Sobre esos vínculos especiales que dejan huellas que muchas veces nos acompañan durante toda la vida. Pero después de terminar aquel artículo me quedó una pregunta dando vueltas. ¿Qué hacemos nosotros con todo aquello que recibimos? Porque los valores no se heredan por arte de magia. No pasan de una generación a otra simplemente porque sí. Permanecen porque alguien decide mantenerlos vivos. Tuve la suerte de crecer en una familia donde los encuentros eran parte de la vida cotidiana. Los domingos nos reuníamos alrededor de una mesa que parecía no tener fin. Con el paso de los años, cuando mis abuelos fueron envejeciendo, aquellas reuniones se transformaron en meriendas de los sábados. Mi abuelo tenía un sueño sencillo y enorme a la vez: mesas grandes, familia reunida y siempre una silla disponible para alguien más. Hoy esa tradición sigue existiendo gracias a mi madre. Cada sábado reúne a mis hermanos, a mi, a mis so...