VALE REALMENTE LA PENA?
Ninguna situación vale tu salud...
Hay artículos que escribo desde la reflexión.
Y hay otros que escribo desde la experiencia.
Este pertenece al segundo grupo.
En los próximos días me realizarán una ergometría y una curva de presión. Todo indica que serán estudios de control y que los resultados probablemente sean normales. Sin embargo, llegar hasta aquí me obligó a detenerme y observar algo que durante mucho tiempo había minimizado.
El impacto que puede tener el estrés sobre nuestra vida.
No hablo solamente de mi caso.
Lo veo constantemente en personas de distintas edades. Personas responsables, trabajadoras, comprometidas. Personas que intentan sostener situaciones que las desgastan emocionalmente durante demasiado tiempo.
Y muchas veces yo mismo hice exactamente lo mismo.
Pensamos que podemos soportar un poco más.
Que ya va a pasar.
Que no vale la pena preocuparnos.
Que debemos seguir adelante.
Pero mientras nuestra mente intenta convencernos de eso, el cuerpo empieza a pagar la cuenta.
En mi caso, una situación que me afectaba emocionalmente generó niveles de estrés que terminaron impactando en mi bienestar. Nada grave, probablemente nada permanente, pero sí suficiente para obligarme a hacer una pausa y preguntarme algo que quizás debería haberme preguntado antes.
¿Vale realmente la pena?
Porque muchas veces luchamos por cosas que terminan costándonos demasiado.
Discusiones interminables.
Preocupaciones que no podemos controlar.
Personas que nos quitan energía.
Situaciones que ocupan nuestros pensamientos desde que nos levantamos hasta que nos acostamos.
Y aunque intentemos convencernos de que estamos bien, el organismo no siempre acompaña ese relato.
Los especialistas señalan que el estrés crónico puede mantener elevados los niveles de cortisol, una hormona que el cuerpo libera para responder a situaciones de tensión. Según Mayo Clinic, cuando esta respuesta se mantiene durante largos períodos puede afectar distintas funciones del organismo, incluyendo el descanso, los niveles de energía y la salud cardiovascular.
No soy experto en medicina y no pretendo dar lecciones sobre salud. Lo que sí puedo compartir es lo que aprendí de esta experiencia.
La lección es sencilla.
Cuidar nuestra salud no consiste solamente en hacer ejercicio, comer mejor o realizarnos controles médicos.
También implica aprender a alejarnos de aquello que nos destruye la paz.
Poner límites.
Aceptar que no podemos resolver todo.
Y entender que hay situaciones que simplemente no merecen seguir ocupando espacio en nuestra mente.
Hoy miro hacia atrás y pienso que debería haber tomado distancia mucho antes.
No porque fuera débil.
Sino porque mi salud vale más que cualquier conflicto, preocupación o circunstancia pasajera.
Porque además tengo un hijo que me necesita sano.
Y quizás la pregunta que todos deberíamos hacernos de vez en cuando es esta:
¿Qué situación estoy sosteniendo hoy que podría estar costándome mucho más de lo que imagino?
Porque al final, los logros, las metas y las preocupaciones siempre encontrarán la forma de seguir adelante.
Pero la salud, cuando empieza a dar señales, nos recuerda que hay cosas que no podemos seguir postergando.
Ninguna situación merece que entregues tu paz. Porque cuando pierdes la paz durante demasiado tiempo, tarde o temprano comienzas a perder algo más importante: a ti mismo.

Comentarios
Publicar un comentario