QUE PASARÍA SI MAÑANA DESAPARECEN, INTERNET, LAS REDES SOCIALES Y LOS CELULARES?

 




A veces me hago preguntas extrañas.

No porque espere que ocurran, sino porque algunas preguntas sirven para entender mejor el mundo en el que vivimos.

Y una de ellas es esta:

¿Qué pasaría si mañana, de un momento para otro, colapsara la tecnología?

Sin internet.

Sin redes sociales.

Sin teléfonos inteligentes.

Sin mensajería instantánea.

Sin plataformas digitales.

Sin esa conexión permanente que hoy parece tan normal que casi olvidamos que alguna vez no existió.

Yo pertenezco a una generación que conoció otro mundo.

Recuerdo cuando la televisión todavía se veía en blanco y negro. No estaba encendida todo el día. En mi casa se miraba después de las cinco de la tarde cuando empezaba la transmisión y durante un rato. Nada más.

No existían computadoras portátiles.

No existían teléfonos celulares.

Lo digital era ciencia ficción.

La música sonaba en radios, en casetes o en discos que había que cuidar como tesoros.

Los chicos pasábamos horas jugando en la vereda.

En la peluquería que estaba debajo del edificio donde vivía nos guardaban el pelo que cortaban. Con ese pelo armábamos pelotas para jugar al fútbol en la vereda  

Hoy parece una historia inventada.

Pero era la vida.

Y era una vida que transcurría a otro ritmo.

No mejor.

No peor.

Simplemente diferente.

La comunicación requería paciencia.

Las respuestas tardaban.

Las distancias se sentían más largas.

Y, paradójicamente, muchas veces las personas estaban más cerca.

Nos visitábamos sin avisar.

Las conversaciones no competían con notificaciones.

Cuando alguien hablaba, normalmente lo escuchábamos.

Entonces llegó la revolución tecnológica.

Primero de forma tímida.

Después a una velocidad imposible de imaginar.

Internet cambió la forma en que trabajamos, aprendemos, compramos, viajamos y nos relacionamos.

En pocos años pasamos de buscar información en enciclopedias a tener casi todo el conocimiento del mundo en un bolsillo.

La tecnología democratizó oportunidades, conectó continentes y permitió que personas que jamás se hubieran conocido pudieran compartir ideas, proyectos y sueños. También abrió caminos para la medicina, la educación y la innovación que antes parecían imposibles.

Pero cada avance trae nuevas preguntas.

La investigadora del MIT Sherry Turkle lleva años estudiando cómo la tecnología influye en nuestras relaciones. Una de sus reflexiones más conocidas es que comenzamos a esperar más de la tecnología y menos de las personas. También advierte que la conexión permanente puede hacernos sentir acompañados sin necesariamente sentirnos más cerca unos de otros.

Por otro lado, el escritor Nicholas Carr ha planteado que la velocidad y el exceso de información pueden afectar nuestra capacidad de concentración profunda y de reflexión prolongada. Según su visión, no solo cambia lo que hacemos, sino también la forma en que pensamos.

Y quizás ahí aparece la verdadera cuestión.

Si mañana todo colapsara, seguramente descubriríamos cuánto dependemos de la tecnología.

Pero también descubriríamos algo más.

Descubriríamos qué cosas siguen funcionando cuando desaparecen las pantallas.

Una conversación.

Una caminata.

Un libro.

Una comida compartida.

Una mirada.

Un abrazo.

La capacidad de sentarse en silencio.

Porque la tecnología nos transformó la vida.

Nos dio velocidad donde antes había espera.

Acceso donde antes había límites.

Conexión donde antes había distancia.

Pero hay experiencias humanas que siguen necesitando algo que ningún dispositivo puede fabricar.

Presencia.

No creo que debamos volver al pasado.

Sería absurdo negar todo lo bueno que hemos ganado.

La tecnología es una herramienta extraordinaria.

El desafío es recordar que fue creada para servirnos a nosotros, y no nosotros a ella.

Quizás por eso, cuando me pregunto qué ocurriría si mañana colapsara la tecnología, la respuesta más interesante no está en lo que perderíamos.

Está en lo que quedaría.

Porque al final, cuando desaparece todo lo accesorio, es cuando descubrimos qué era verdaderamente esencial.

Tal vez el verdadero progreso no consista en cuánto avanzamos tecnológicamente, sino en cuánto de nuestra humanidad somos capaces de conservar mientras avanzamos.

Comentarios

Entradas populares de este blog

COMO TENER ESTRUCTURA EN TU VIDA (AUNQUE HOY SEAS DESORDENADO)

PROPÓSITO: DONDE ESTÁS Y DONDE QUERES LLEGAR

EL HAMBRE DE AFECTO. LA RAZÓN DE PORQUE ACEPTAMOS MIGAJAS CUANDO NOS SENTIMOS SOLOS