LA VERDAD DETRAS DEL "ESTOY BIEN"

 


Mis artículos se han convertido en una especie de catarsis.

Nacen de cosas que me preocupan, ocupan y de preguntas que me hago mientras transcurre la vida. A veces surgen camino a la oficina. Otras veces caminando. Y muchas veces cuando termina el día y el ruido de afuera finalmente se apaga.

Escribo porque me ayuda a ordenar pensamientos.

Pero también porque tengo la esperanza de que alguien del otro lado se sienta identificado.

Hace dos días, escribí sobre cómo la espiritualidad convive con las situaciones cotidianas. 

Y mientras reflexionaba sobre eso me encontré pensando en algo que veo cada vez más seguido.

Vivimos en una época donde parecería que mostrar nuestras dificultades está mal visto.

Las redes sociales están llenas de vidas perfectas.

Viajes perfectos.

Familias perfectas.

Cuerpos perfectos.

Trabajos perfectos.

Y aunque sabemos que detrás de cada foto existe una realidad mucho más compleja, muchas veces terminamos comparando nuestra vida real con la versión editada de la vida de los demás.

Por otro lado, cuando las cosas no salen como esperamos, pareciera que la respuesta automática es la agresividad.

Alcanza con mirar cualquier discusión en redes sociales.

Cada vez hay más personas hablando.

Y cada vez menos personas escuchando.

Entonces me viene a la cabeza una frase que escuché durante años de Mirta Legrand:

"Como te ven, te tratan. Si te ven mal, te maltratan. Si te ven bien, te contratan."

No comparto esa mirada como ideal.

Me gustaría que las personas fueran valoradas por lo que son y no por la imagen que proyectan.

Pero también reconozco que muchas veces la realidad funciona de esa manera.

Y quizás por eso nos cuesta tanto mostrarnos vulnerables.

Porque tememos que si mostramos nuestras dudas nos vean débiles.

Que si mostramos nuestras heridas nos juzguen.

Que si mostramos nuestras preocupaciones pierdan valor nuestras palabras.

A mí también me pasa.

Hay días donde me resulta más fácil dar una palabra de aliento que expresar lo que me preocupa.

Días donde me cuesta pedir ayuda.

Días donde pienso demasiado las cosas antes de decirlas.

Y supongo que no soy el único.

La investigadora Brené Brown sostiene que la vulnerabilidad no es una señal de debilidad, sino una de las formas más auténticas de valentía.

Y cuanto más pasan los años, más sentido le encuentro a esa idea.

Porque requiere mucho más coraje hablar desde la verdad que esconderse detrás de una imagen perfecta.

El médico Gabor Maté ha dedicado gran parte de su trabajo a estudiar cómo las emociones reprimidas y el estrés sostenido pueden afectar nuestra salud física y emocional.

No significa que toda emoción no expresada nos enferme.

Pero sí nos recuerda que aquello que ignoramos rara vez desaparece por sí solo.

A veces se transforma en enojo.

A veces en ansiedad.

A veces en distancia.

Y otras veces en un cansancio que no sabemos explicar.

También pienso que algo está cambiando.

Veo cada vez más personas intentando expandir su conciencia.

Personas que buscan entender antes de reaccionar.

Personas que se animan a hablar de emociones, de salud mental, de espiritualidad y de crecimiento personal sin sentir vergüenza por hacerlo.

No importa cuál sea su religión.

No importa cuál sea su filosofía de vida.

Lo importante es que existe una búsqueda.

Y toda búsqueda sincera implica hacerse preguntas incómodas.

Quizás la espiritualidad también tenga que ver con eso.

No con escapar de los problemas.

No con fingir que todo está bien.

No con repetir frases positivas mientras por dentro nos estamos derrumbando.

Sino con aprender a mirar de frente lo que sentimos y encontrar una manera saludable de atravesarlo.

Ser positivo no significa negar la realidad.

Significa confiar en que podemos enfrentarla.

Porque la verdadera fortaleza no está en aparentar que nunca nos pasa nada.

La verdadera fortaleza está en reconocer lo que nos pasa sin permitir que eso nos defina.

Quizás por eso escribo.

Porque cada artículo me recuerda que detrás de las diferencias, de las opiniones y de las circunstancias personales, todos estamos intentando resolver algo.

Todos tenemos preguntas.

Todos tenemos miedos.

Todos tenemos heridas.

Y todos necesitamos, de vez en cuando, una palabra que nos recuerde que no estamos solos.


"La paz no llega cuando dejamos de tener problemas; llega cuando dejamos de escondernos de nosotros mismos."

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