lunes, 30 de marzo de 2026

NO SIEMPRE PODES ELEGIR LO QUE PASA. PERO SIEMPRE PODES ELEGIR QUIEN SOS

No siempre podes elegir lo que pasa. Articulo Positivos Siempre

 



Varias veces en mi vida me sucedieron cosas, que en el momento, sentí mucho mas grandes de lo que eran.

No fueron cosas realmente graves, aunque en su momento si las vi de esa forma.


Porque me agarraron en un mal momento y reaccioné peor de lo que debería.


Respondí mal.

Me enojé.

Y lo estiré más de lo necesario.


De esas situaciones que, si las ves desde afuera, no tienen tanto peso…

pero en el momento te dominan.


Y lo peor fue después.


Porque cuando bajé un poco, me di cuenta de algo incómodo:


No era la primera vez que me pasaba.


Distinta situación.

Misma reacción.


Ahí ya no es el contexto.


Sos vos.


Una vez que lleve ropa a un lavadero y me perdieron un par de medias. De forma ridícula tuve una discusión fuerte con el encargado. y me fui del lugar enojado, convencido de que tenía razón, pero al rato, cuando bajé un poco, me di cuenta de que había hecho un problema grande de algo que no lo era para tanto.

Por un par de medias.


Durante mucho tiempo pensé que el problema era lo que pasaba.


Que si ciertas cosas fueran distintas, yo reaccionaría mejor.


Pero la realidad era otra.


Yo ya venía reaccionando igual.


Y eso fue lo que me hizo frenar.


No en el momento exacto…

pero sí lo suficientemente cerca como para verlo.


Porque hay algo que no es tan evidente, pero está siempre:


Un segundo.


Entre lo que pasa y lo que hacés.


Es corto.

A veces casi inexistente.


Pero está.


Y si está, hay algo más:


Elección.


Esa idea la desarrolla Stephen Covey cuando habla de que entre estímulo y respuesta existe un espacio.


Yo no lo tenía tan claro en ese momento.


Pero empecé a notarlo en lo cotidiano.

Me pregunté. ¿Vale la pena reaccionar así por todo?


En cosas chicas.


En cómo respondía.

En cómo me hablaba.

En cómo sostenía emociones que no me servían.


Y ahí fue donde necesité algo práctico.

Porque ya no era el mismo. Me daba cuenta.


No solo teoría de como hacerlo.


Algo que pudiera usar justo en ese segundo donde estaba por hacer lo mismo de siempre.


Así terminé bajando algo que mucho tiempo después llamé C.D.A.


Pero no nació como método.


Nació porque lo necesitaba.


En ese caso puntual, lo apliqué así:


Primero, consciencia.


Darme cuenta de que estaba por reaccionar igual.


No después.


En el momento en que sentía la bronca subir.


En el momento en que ya tenía la respuesta lista para decir.


Ese fue el primer corte.


Después, decisión.


Y esto fue lo más incómodo.


Porque ya no podía decir “me salió así”.


Sabía lo que iba a hacer.


Y aun así tenía que elegir.


Seguir igual…

o frenar.


No hacer algo perfecto.


Solo no hacer lo de siempre.


Y por último, acción.


Que en ese caso fue simple.


No responder en el momento.


Tomarme unos segundos.


Bajar un cambio.


Puede parecer mínimo.


Pero no lo es.


Porque fue distinto.


Y cuando hacés algo distinto, aunque sea chico, cambia el resultado.


No de la situación en sí.


Pero sí de cómo terminás vos.


Después de eso, empecé a verlo más seguido.


No perfecto.


No siempre.


Pero cada vez más.


Y ahí entendí algo que antes pasaba por alto:


No siempre podés elegir lo que pasa.


Pero sí podés dejar de reaccionar como siempre.


Y eso, con el tiempo, cambia más de lo que parece.


Porque no transforma solo momentos.


Te transforma a vos.


Y al final, es eso lo que más pesa.


Porque las situaciones van a seguir estando.


Pero vos no tenés por qué ser siempre el mismo frente a ellas.

Y usé un ejemplo sin importancia a propósito.

Porque cuando dejas de gastar energía en esas cosas, te das cuenta de cuanto estabas perdiendo en lo que realmente importa.



Como decía Epictetus:


“No son las cosas las que nos perturban, sino la opinión que tenemos sobre ellas.”


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