POR QUÉ CUANDO NECESITAMOS RESPUESTAS, MUCHAS VECES DEJAMOS DE VERLAS?
Cuando la mente deja de encontrar caminos
Hay momentos en la vida en los que no enfrentamos un solo problema.
Todo parece ocurrir al mismo tiempo.
Y, de pronto, la sensación deja de ser la de tener dificultades para resolver una situación. Empieza a parecer que no existe ninguna salida.
Durante mucho tiempo pensé que eso era una señal de debilidad.
Hoy creo que no.
Hace un tiempo leí al psicólogo y premio Nobel Daniel Kahneman. En sus investigaciones sobre la toma de decisiones explica cómo, bajo una fuerte carga mental, nuestra capacidad para analizar alternativas disminuye y tendemos a quedarnos atrapados en los mismos patrones de pensamiento.
Cuando descubrí esa idea entendí algo que muchas veces había sentido, pero nunca había logrado poner en palabras.
Las grandes crisis no solo traen problemas.
También reducen nuestra capacidad para encontrar soluciones.
Y eso cambia completamente la forma de mirar lo que nos sucede.
No porque las soluciones desaparezcan.
Sino porque el miedo, la incertidumbre y el agotamiento ocupan tanto espacio que dejan muy poco lugar para la claridad.
Quizás por eso, cuando alguien atraviesa una crisis profunda, decirle simplemente "pensá en positivo" suele generar más frustración que alivio.
No es que no quiera hacerlo.
Muchas veces, en ese momento, no puede.
Creo que el primer desafío no siempre consiste en resolver inmediatamente aquello que nos preocupa.
A veces consiste en recuperar la claridad suficiente para volver a descubrir caminos.
No hablo de negar la realidad.
Ni de convencernos de que todo saldrá bien.
Hablo de evitar que el miedo sea el único lugar desde donde pensamos.
En mi búsqueda encontré una ayuda en dos conceptos muy antiguos de la tradición judía.
El primero es Emuná.
Generalmente se traduce como "fe", pero para mí significa algo más profundo. Es aceptar que, aunque hoy no comprenda lo que estoy viviendo, eso no significa que mi situación carezca de sentido. Es reconocer que mi mirada es limitada y que no siempre puedo ver el cuadro completo.
El segundo es Bitajón.
Si Emuná habla de la manera en que miro la realidad, Bitajón habla de cómo decido caminar dentro de ella. Es la confianza para seguir dando el próximo paso aun cuando no conozco el desenlace. No implica quedarse esperando que las cosas cambien por sí solas. Implica hacer todo lo que está a mi alcance sin permitir que el miedo tome el control de mis decisiones.
El cristianismo también invita a confiar en la Providencia. Cambian las palabras y la forma de expresarlo, pero la esencia es parecida: seguir caminando incluso cuando todavía no entendemos el porqué de lo que estamos viviendo.
No escribo estas líneas porque haya aprendido a atravesar todas las tormentas.
Las escribo porque, muchas veces, yo también me encuentro en medio de ellas.
Porque también hay días en los que la incertidumbre me visita, en los que las respuestas no aparecen y en los que el miedo intenta convencerme de que no hay salida.
Y es justamente en esos momentos cuando intento recordar que, antes de encontrar todas las respuestas, quizás lo primero que necesito es recuperar la claridad para poder reconocerlas.
Porque, cuando la mente vuelve a encontrar calma, muchas veces descubre caminos que la desesperación le había ocultado.

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