COMO PEQUEÑAS ACCIONES GENERAN GRANDES IMPACTOS

 


No importa en qué creas.
No importa si sos religioso, espiritual, agnóstico o simplemente alguien que intenta entender un poco más este mundo.

Hay conceptos que trascienden cualquier etiqueta.
Y uno de ellos es el Tikún Olam.

La cábala lo explica como la idea de “reparar el mundo”.
No desde un lugar mágico.
No pensando que una sola persona puede cambiarlo todo de un día para otro.
Sino entendiendo que cada acción, cada palabra, cada intención y hasta cada pensamiento generan un impacto en lo que nos rodea.

El estudioso de cábala Tzvi Freeman explica que el Tikún Olam implica que el mundo fue dejado “incompleto” para que nosotros podamos mejorarlo con nuestras acciones. No solamente a través de grandes actos, sino también en la forma en la que vivimos lo cotidiano.

Y sinceramente, hay algo de eso que me hace mucho sentido.

Porque vivimos en una época donde muchas veces parece más fácil destruir que construir.
Criticar que comprender.
Responder desde el enojo que desde la conciencia.

Y lo digo involucrándome también.

Porque yo mismo muchas veces me enojo.
A veces contesto mal.
A veces me dejo llevar por impulsos, frustraciones o momentos donde uno reacciona antes de pensar.

No escribo esto desde un lugar de perfección ni desde la postura de alguien que viene a enseñar cómo vivir.
Todo lo contrario.
Lo escribo como alguien que observa, se equivoca y trata de entender un poco más qué huella deja en los demás y en el entorno que habita.

Y quizás ahí está lo verdaderamente importante:
tomar conciencia.

Ser conscientes de que incluso una mínima acción puede modificar mucho más de lo que imaginamos.
A veces una palabra ayuda a alguien en un momento crítico sin que lo sepamos nunca.
A veces un mal gesto deja marcas que tampoco llegamos a ver.
Incluso un pensamiento que aporte más de lo que reste puede cambiar la energía con la que enfrentamos el día y cómo impactamos en quienes nos rodean.

La cábala sostiene que todos tenemos una misión personal, algo que venimos a trabajar o transformar. Y más allá de las creencias individuales, creo que hay una reflexión muy valiosa detrás de eso: todos influimos constantemente en el mundo de otros.

A veces pensamos que nuestras acciones son insignificantes porque no generan algo visible inmediatamente.
Pero muchas de las transformaciones más grandes empiezan en cosas pequeñas.
En escuchar.
En tener empatía.
En frenar antes de reaccionar.
En intentar aportar un poco más de lo que quitamos.

Quizás por eso el Tikún Olam no tenga que verse solamente como un concepto espiritual o religioso.
Tal vez sea un recordatorio humano.

El recordatorio de que todos, incluso sin darnos cuenta, estamos modificando el mundo constantemente.
La pregunta es qué estamos dejando en él mientras pasamos por acá.

Y quizás la verdadera responsabilidad no sea ser perfectos.
Sino ser conscientes.

Conscientes de que hasta el gesto más pequeño puede convertirse en algo enorme en la vida de otra persona.
Aunque nunca lleguemos a enterarnos.

“Tal vez no podamos cambiar el mundo entero de una vez.
Pero cada vez que elegimos aportar en lugar de destruir, el mundo ya empezó a cambiar un poco.”

Comentarios

Entradas populares de este blog

COMO TENER ESTRUCTURA EN TU VIDA (AUNQUE HOY SEAS DESORDENADO)

PROPÓSITO: DONDE ESTÁS Y DONDE QUERES LLEGAR

EL HAMBRE DE AFECTO. LA RAZÓN DE PORQUE ACEPTAMOS MIGAJAS CUANDO NOS SENTIMOS SOLOS