NO SOS DIFICIL DE ENTENDER. SOS DIFÍCIL DE ETIQUETAR...

 


Hay personas que me consideran una buena persona.

Y sinceramente, nunca supe bien qué responder cuando me dicen eso.

No porque crea lo contrario.
Tampoco porque piense que lo soy.

Simplemente creo que soy como soy.

Con errores, contradicciones, días donde estoy más abierto al mundo y otros donde necesito distancia. Como cualquiera.
Por eso nunca terminé de entender la necesidad que existe de etiquetar constantemente a las personas.

“Es bueno.”
“Es malo.”
“Es falso.”
“Es diferente.”

Como si una vida pudiera resumirse en una definición tan simple.

Con el tiempo entendí que muchas veces no sos buena o mala persona para los demás.
Sos alguien que cumplió o no sus expectativas.
Y dependiendo de eso, construyen una versión de vos.

Porque la percepción cambia según quién te mire.

Hay personas que valoran que seas directo.
Otras se incomodan con eso.
Hay quienes agradecen tu transparencia y quienes prefieren escuchar una mentira agradable antes que una verdad incómoda.

Y en medio de todo eso, sostener una imagen termina siendo agotador.

Nunca me sentí cómodo actuando para encajar.
De hecho, una de las sensaciones que más me incomoda es tener que medir cada palabra o cada reacción para mantener una versión aceptable de mí mismo frente a otros.

Por eso valoro tanto a las personas con las que puedo ser yo mismo.

Sin tensión.
Sin cálculos.
Sin sentir que tengo que esconder partes de mi personalidad para caer bien.

Porque cuando realmente podés ser auténtico, hay una tranquilidad difícil de explicar.
Como si por un momento dejaras de interpretar un personaje.

El escritor Oscar Wilde decía:
“Sé tú mismo; los demás puestos ya están ocupados.”

Y aunque la frase parece simple, cada vez estoy más convencido de que no es tan fácil como suena.

Ser uno mismo implica aceptar que no le vas a agradar a todo el mundo.
Implica entender que algunas personas van a alejarse cuando dejás de actuar como esperan.

Y aun así, creo que vale más eso que vivir toda una vida intentando sostener algo que no sos.

También pienso que muchas veces las personas terminan alejándose tanto de quienes realmente son, que ya ni siquiera saben cuándo están siendo genuinas y cuándo están actuando por costumbre.

El filósofo Jean-Paul Sartre hablaba de cómo muchas personas viven condicionadas por la mirada ajena, intentando cumplir roles impuestos para sentirse aceptadas.

Y quizás ahí está una de las mayores contradicciones humanas:
querer ser libres, pero al mismo tiempo vivir pendientes de aprobación.

La realidad es que nadie es completamente bueno ni completamente malo.
Todos tenemos luces y sombras.
Momentos donde damos lo mejor de nosotros y otros donde reaccionamos desde heridas, cansancio o decepciones.

Por eso creo que intentar definirse constantemente termina siendo una pérdida de tiempo.

Las acciones hablan.
La energía se siente.
Y las personas que realmente conectan con vos no lo hacen por la imagen que intentás vender, sino por quién sos cuando bajás la guardia.

Al final, quizás la verdadera paz no está en lograr que todos tengan una buena opinión sobre nosotros.

Sino en poder mirarnos al espejo y sentir que no estamos actuando.

Que seguimos siendo nosotros.

Y tal vez la pregunta más difícil sea otra:

¿Cuántas partes de tu personalidad son realmente tuyas… y cuántas fueron creadas para que los demás te acepten?

Comentarios

Entradas populares de este blog

COMO TENER ESTRUCTURA EN TU VIDA (AUNQUE HOY SEAS DESORDENADO)

PROPÓSITO: DONDE ESTÁS Y DONDE QUERES LLEGAR

EL HAMBRE DE AFECTO. LA RAZÓN DE PORQUE ACEPTAMOS MIGAJAS CUANDO NOS SENTIMOS SOLOS