CREEMOS QUE PODEMOS CON TODO…
Creemos que podemos con todo… hasta que el cuerpo responde.
Ayer fui a buscar el resultado de un centellograma.
Para quienes no saben de qué se trata, es un estudio que permite obtener imágenes del corazón para ver cómo está funcionando.
Leí el informe una vez.
Lo volví a leer.
En algún momento, no hace mucho,había tenido un infarto leve. No era algo reciente. Lo que el estudio mostraba era la cicatriz que había quedado.
Me quedé pensando mucho.
No tanto por lo que había pasado, porque eso ya no podía cambiarlo. Sino porque, sin saberlo, pude haber estado mucho más cerca de irme de este plano de lo que alguna vez imaginé.
Quiero aclarar algo importante.
Hoy me encuentro bien. Estoy siguiendo el tratamiento que me indicaron los médicos para disminuir el riesgo de que vuelva a ocurrir otro episodio. El objetivo de este artículo no es generar preocupación, sino compartir una reflexión que nació después de recibir ese resultado.
Los que leen Positivos Siempre saben que intento encontrar un aprendizaje en cada experiencia. Esta vez no fue diferente.
Hace años trabajo en mi equilibrio. Intento cuidar mi parte espiritual, la emocional y también la física. No porque crea que eso nos haga invencibles. La vida no funciona así. Sino porque estoy convencido de que, cuanto más equilibrio logramos, mejor preparados estamos para enfrentar lo que nos toca vivir.
Pero también entendí algo.
Podemos tener herramientas.
Podemos hacer terapia.
Podemos rezar.
Podemos meditar.
Podemos hablar con amigos.
Y, aun así, seguir siendo vulnerables.
Muchas veces creemos que determinadas situaciones no nos afectan porque seguimos adelante. Porque cumplimos con nuestras responsabilidades. Porque sonreímos. Porque aparentemente todo sigue igual.
Sin embargo, el cuerpo también tiene memoria.
La psicología lleva años estudiando cómo el estrés sostenido, la ansiedad y las emociones mal gestionadas terminan impactando sobre nuestra salud. No significa que cada enfermedad tenga un origen emocional, pero sí que vivir durante mucho tiempo bajo tensión constante aumenta el desgaste físico y mental.
La medicina también es clara. La Asociación Americana del Corazón y la Clínica Mayo señalan que el estrés crónico puede favorecer factores que incrementan el riesgo cardiovascular, como la hipertensión, los procesos inflamatorios y hábitos poco saludables que terminan afectando al corazón.
Desde otra mirada, los grandes maestros de la Cábala enseñan que el ser humano necesita mantener un equilibrio entre todas las dimensiones de su vida. El rabino Yehuda Ashlag, conocido como Baal HaSulam, explica que el verdadero crecimiento no consiste en evitar los desafíos, sino en transformar la manera en que respondemos a ellos. Cuando una parte de nosotros queda desatendida durante demasiado tiempo, el desequilibrio termina manifestándose de alguna forma.
No veo contradicción entre estas miradas.
Al contrario.
Creo que se complementan.
La medicina hace su trabajo.
La psicología aporta herramientas para comprender y gestionar lo que sentimos.
Y la espiritualidad nos ayuda a encontrar sentido cuando aparecen preguntas que la ciencia no puede responder.
Mientras volvía a leer ese informe, una pregunta no dejaba de aparecer.
¿Vale la pena vivir enojados?
¿Vale la pena cargar durante años con situaciones que no podemos cambiar?
¿Vale la pena permitir que determinadas personas ocupen tanto espacio dentro de nosotros?
No tengo todas las respuestas.
Solo sé que ese estudio me recordó algo que a veces olvidamos.
La salud no depende únicamente de hacer ejercicio o de comer mejor.
También depende de cómo vivimos.
De cuánto descanso nos permitimos.
De aprender a pedir ayuda cuando la necesitamos.
De poner límites.
De bajar un cambio.
Y de entender que nadie es tan fuerte como para creer que todo le resbala.
A veces pensamos que tenemos tiempo para resolver las cosas más adelante.
Pero la vida no siempre avisa.
Quizás por eso, además de cuidar nuestro cuerpo, también sea buena idea cuidar aquello que no se ve.
Porque muchas veces es ahí donde empieza todo.

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