LAS TRES SILLAS QUE CAMBIARON MI MANERA DE DECIDIR

 


Entender no alcanza

Introducción

En los últimos meses, en Positivos Siempre, escribí sobre las emociones, los vínculos, los valores, la familia y la espiritualidad. También reflexioné sobre el tiempo limitado que tenemos en este plano y la importancia de encontrar un propósito que le dé sentido a nuestro paso por la vida.

Mientras releía algunos de esos artículos me di cuenta de que, en el fondo, todos apuntaban hacia el mismo lugar: vivir de una manera más consciente.

Pero apareció una pregunta que me hizo detenerme.

¿De qué sirve comprender todo eso si después seguimos postergando aquello que sentimos que deberíamos hacer?

Porque reflexionar es importante.

Entender también.

Pero llega un momento en el que la vida nos pone frente a una decisión: seguir acumulando buenas intenciones o empezar a darles un lugar en nuestra realidad.

Y fue entonces cuando recordé una imagen que me acompaña desde hace muchos años.

Tres sillas

Trabajaba en una empresa cuando asistí a una charla motivacional. No recuerdo el nombre del expositor. Tampoco podría repetir todo lo que dijo aquella mañana.

Sin embargo, hay una escena que quedó grabada en mi memoria.

Colocó tres sillas frente al grupo.

A la primera la llamó Objetivo.

A la segunda, Planificación.

Y a la tercera, Acción.

Después nos dijo que, para llegar a donde queríamos, había que pasar por las tres, sin sortear ninguna, y explicó por qué.

Se puede tener un objetivo claro. pero sin una planificación ni un método de como llevarlo a cabo, no es seguro llegar a cumplirlo. O al revés. Ser muy metódicos pero si no tenemos un objetivo claro, quizás abandonemos antes de haber empezado. Por último, actuar de forma impulsiva sin tener claro a donde llegar ni un método, llegar al éxito queda sujeto solo a la suerte que podamos tener.

En ese momento pensé que era una dinámica interesante.

Nada más.

Con el paso de los años entendí que no había recordado esa imagen por casualidad. Cada tanto volvía a aparecer en mi cabeza, casi como si quisiera hacerme una pregunta.

¿En cuál de esas tres sillas estoy sentado hoy?

Lo que el tiempo me fue enseñando

Mirando hacia atrás, encontré proyectos que nunca empezaron. No porque fueran imposibles, sino porque seguía esperando sentirme completamente preparado.

También encontré decisiones impulsivas. Esas que uno toma con entusiasmo, pero sin haberse detenido a pensar si realmente era el camino que quería recorrer.

Y, por suerte, encontré otras historias.

Las que sí dieron resultado.

No porque todo hubiera salido perfecto, sino porque, sin darme cuenta, había recorrido aquellas tres sillas. Primero tuve claro hacia dónde quería ir. Después traté de prepararme lo mejor posible. Y finalmente di el paso, aun sabiendo que el miedo seguía estando ahí.

No fue una fórmula.

Fue una experiencia que, con el tiempo, empecé a reconocer.

Cuando una idea vuelve desde otro lugar

Hace un tiempo leí una reflexión de James Clear que me hizo acordar inmediatamente a aquella charla.

Él sostiene que nuestra vida cambia menos por las grandes decisiones que por los pequeños hábitos que repetimos cada día.

Me gustó porque no habla de esperar el momento perfecto ni de perseguir resultados inmediatos.

Habla de constancia, habla de método. De transformar lo que deseamos como una forma de vida.

Y, de alguna manera, sentí que le ponía palabras a una imagen que yo venía guardando desde hacía muchos años.

Lo que todavía sigo aprendiendo

Quizás por eso sentí la necesidad de escribir este artículo.

No para hablar de productividad.

Mucho menos para dar lecciones.

Simplemente porque después de escribir sobre las emociones, los vínculos, los valores, la familia y el propósito, entendí que faltaba hacerme una pregunta más.

¿Qué hago con todo aquello que ya entendí?

Confieso que no siempre encuentro la respuesta.

Todavía me descubro postergando conversaciones, decisiones o proyectos.

La diferencia es que ahora me doy cuenta antes.

Y cuando eso ocurre, vuelvo mentalmente a aquellas tres sillas.

No para buscar una fórmula.

Sino para recordar que ninguna reflexión cambia una vida si nunca encuentra un lugar en nuestros actos.

Una reflexión final

Tal vez crecer no consista solamente en aprender cosas nuevas.

Tal vez también consista en animarnos a vivir aquello que ya sabemos.

Porque las respuestas pueden inspirarnos.

Las experiencias pueden enseñarnos.

Pero son las decisiones las que terminan marcando el rumbo.

"Entre la vida que imaginamos y la que terminamos viviendo hay una sola diferencia: las decisiones que dejamos de postergar."

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