DIA DEL PADRE: NADIE NOS ENSEÑA A SER PADRES

 


Nunca terminé de aprender a ser padre

Este domingo se celebra el Día del Padre en Uruguay. Podría escribir sobre los padres, los regalos o las reuniones familiares. Sin embargo, prefiero hablar de mí. Quizás, en alguna de estas líneas, alguien se sienta identificado.

Hace mas de diez años nació mi hijo. Ese mismo día también nació una versión de mí que hasta entonces no conocía: la de padre. Desde ese momento entendí que no existe un manual que explique cómo hacerlo bien. Cada hijo es diferente, cada familia también y cada día trae un desafío nuevo.

El primer modelo que tenemos son nuestros propios padres. De ellos aprendemos valores, formas de demostrar afecto y maneras de enfrentar la vida. También aparecen actitudes que prometemos no repetir cuando nos toque ocupar ese lugar.

Durante mucho tiempo me resultó fácil detenerme en sus errores. Con los años comprendí que ellos también estaban aprendiendo. Hicieron lo mejor que pudieron con las herramientas, la educación y las circunstancias que les tocaron vivir. Entender eso no cambia el pasado, pero sí cambió mi forma de mirarlo.

Muchas veces me pregunto si estoy haciendo las cosas bien. Creo que esa pregunta acompaña a la mayoría de los padres. No porque dudemos del amor que sentimos por nuestros hijos, sino porque sabemos que cada decisión puede dejar una huella.

En mi caso, elegí vivir la paternidad de una forma muy presente. Intento estar las 24 horas del día, los 365 días del año. No porque crea que un padre deba resolver todos los problemas, sino porque quiero que mi hijo sepa que, cuando me necesite, voy a estar. Para escucharlo, para poner límites cuando haga falta, para abrazarlo en los momentos difíciles y para celebrar cada uno de sus logros.

También sé que existen padres ausentes. Algunos por decisión y otros porque la vida tomó un rumbo diferente. Pero también existen personas que, sin compartir la misma sangre, eligen ocupar ese lugar con un amor inmenso. Hay padres que ocupan el rol de madre y padre a la vez por circunstancias de la vida, padrastros, abuelos, tíos, familiares o amigos que terminan siendo verdaderos padres para un niño. El vínculo no siempre nace de la biología. Muchas veces nace de la decisión de estar.

Y también pienso en quienes crecieron sin la presencia de un padre, pero hoy tienen hijos. Estoy convencido de que muchos de ellos hacen un esfuerzo enorme por construir con sus familias aquello que no pudieron vivir en la suya. Eso también merece ser reconocido.

El psicólogo y escritor uruguayo Alejandro De Barbieri, en su libro Educar sin culpa, invita a dejar de perseguir la perfección para concentrarnos en construir vínculos sanos. Comparto esa mirada. Los hijos no necesitan padres que nunca se equivoquen. Necesitan adultos que sepan amar, escuchar, corregir cuando sea necesario y reconocer sus errores.

Hoy quiero homenajear a quienes todavía pueden abrazar a su padre, a quienes lo recuerdan con gratitud, a quienes encontraron una figura paterna en otra persona y también a quienes, como yo, intentamos todos los días ser la mejor versión posible para nuestros hijos.

Y quiero terminar con una pregunta.

¿Qué es lo más valioso que te dejó tu padre? ¿Y qué te gustaría que tus hijos recordaran de vos dentro de algunos años?

Los hijos no necesitan un padre perfecto. Necesitan un padre presente.

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